El pasado lunes recibimos la visita de algunos miembros de la Comunidad Diaconal Permanente. En concreto, de D. José Antonio Maroto Expósito, sacerdote responsable de la formación y acompañamiento de los aspirantes al diaconado; D. Francisco José Cano de Haro, diácono permanente desde el 2021, que vino acompañado de su esposa, Yolanda; y D. Manuel Rico Teba, candidato al diaconado permanente, que actualmente se encuentra en proceso de formación, y que también vino acompañado de su esposa, Amalia.

El objetivo de la visita era doble: explicarnos en qué consiste el ministerio del diácono permanente y concienciarnos de la importancia del trabajo en equipo en la pastoral de la comunidad parroquial. El diaconado permanente, cuya tradición se remonta a los inicios de la Iglesia, se restauró a raíz del Concilio Vaticano II, y fue instaurado en nuestra diócesis por Decreto del Obispo diocesano en 2010. En la actualidad, la Diócesis de Jaén cuenta con 4 diáconos permanentes y otros 9 aspirantes en proceso de formación.

Para ser ordenado diácono permanente el aspirante debe estar dotado de altas cualidades humanas y espirituales que, dentro de su estado matrimonial y familiar, le habiliten para servir en su ministerio con ejemplaridad y en comunión con el obispo y su presbiterio. Francisco José y Manuel, nos contaron las dificultades de conciliar familia, trabajo y ministerio; e insistieron en la necesidad de que las parroquias conozcan este carisma, que asuman su ministerio y que fomenten la corresponsabilidad presbítero-diácono en la misión de engrandecer la parroquia y dar estabilidad a una Iglesia que avanza en sinodalidad.

“Asímismo, que los diáconos sean dignos, formales, (…). Que guarden las verdades de la fe con una conciencia limpia. Primero, que sean probados; y si son irreprochables, que ejerzan el ministerio del diaconado.” (1 Tim 3, 8-10)