MI PASTORAL DE LA MANO DE LA VIRGEN
La experiencia pastoral de este verano ha sido otra maravillosa ocasión para volver a reencontrarme con la Virgen en Lourdes, esta vez acompañando a un grupo bien coordinado de jóvenes de la Hospitalidad al cuidado de los enfermos de nuestra diócesis. Fue para mí un gran gozo ir en un autobús dirigiendo la oración y hablando con los peregrinos y enfermos, incluso pude hacer muchos amigos.
Se trataba de poner extremo cuidado en velar porque los enfermos y peregrinos vivieran unos días felices encontrándose con la Virgen en Lourdes junto a los voluntarios de la hospitalidad de Lourdes de Jaén. Nuestro cometido era de hacerles más llevaderas sus dificultades y, hasta olvidarse de ellas por momentos. En el viaje se me encomendó una de las enfermas que, junto a otro voluntario, nos encargamos de acompañarla en todo momento y asistirle en lo que necesitara durante el viaje y la estancia. También presté servicio en el hospital, ayudando a poner los desayunos y atender a los enfermos con un joven que vino a sustituir a otra persona que se puso enferma. Este muchacho descubrió en esta experiencia algo en su interior que quiera Dios que florezca con el tiempo.
Otra de mis tareas asignadas fue la de participar en las ceremonias litúrgicas y actos religiosos junto a don Joaquín Rafael; el diácono Jesús Beltrán; don Juan Ramón, párroco de Alcalá la Real; don Juan, párroco de Noalejo; y don Emilio Samaniego. Más tarde se incorporaron don Ildefonso Rueda, vicario territorial, y nuestro señor Obispo don Sebastián. Fue muy emocionante ver con qué fervor y gozo los enfermos seguían todos los actos, que aún con las fuerzas mermadas por sus limitaciones y el cansancio acumulado, se les veía felices e ilusionados. Fue para mí una experiencia maravillosa acolitar en las Eucaristías celebradas en la gruta de las apariciones. La procesión de las antorchas, la misa internacional y los espacios de oración han sido otros momentos reconfortantes y de encuentro con Cristo y con la Virgen, especialmente en la atención al prójimo y a los enfermos.
En el viaje de ida ayudé en la eucaristía en la basílica de El Pilar, uno de los enclaves donde comenzó la evangelización en España; y a la vuelta visitamos el Cristo de Medinaceli, que goza de gran devoción entre los madrileños; ambas experiencias, inolvidables. Personalmente, ha sido un verdadero placer participar en esta peregrinación, y doy gracias por esta oportunidad tan especial a los coordinadores, don Joaquín Rafael y don Jesús Beltrán.
Vicente Ángel Fernández Moreno
Seminarista





