De todos es sabido que la Semana Santa es la conmemoración anual más importante para los cristianos. Ni que decir tiene que la Pasión de Cristo, desde la perspectiva de un seminarista, consiste en vivir intensa y profundamente la realidad del misterio en que se fundamenta nuestra fe.

El eje vertebrador de esta Santa Semana han sido los Santos Oficios de la catedral, en que los seminaristas nos hemos unidos a nuestros formadores, canónigos y, en especial, a nuestro obispo don Sebastián. La Santa Iglesia Catedral se ha convertido por unos días en el lugar más concurrido para muchos jienenses, y también para nosotros, pues en la cátedra de nuestra diócesis hemos vivido con solemnidad las principales celebraciones de este tiempo, com son los rezos de Laudes Solemnes, el Domingo de Ramos, la Misa Crismal, el Triduo Pascual y la Vigilia, que culminó con el júbilo de la Resurrección.

Además de nuestra participación en las celebraciones de la catedral, la actividad espiritual del Seminario intensificó el tiempo de oración y meditación personal y comunitaria. La liturgia marcaba los tiempos, Vía Crucis, Hora Santa, Liturgia de las Horas, Santo Rosario, etc.; y el silencio, que en los tiempos intermedios imperaba para recordar la gravedad del momento.

Para nosotros los seminaristas han sido unos días intensos en este Camino de configuración con Aquel que con su total entrega en la Cruz nos enseña la senda del ministerio presbiteral. La Buena Noticia del Resucitado nos anima en este camino de formación para forjarnos verdaderos administradores y canales de la gracia que aquella tarde en el Gólgota brotó de la Cruz para derramarse sobre su
pueblo.