La experiencia de este verano es para mí una experiencia de entrega, de generosidad, de superación, de conocer en obras lo que es la providencia, la ternura y el amor de un Dios que es Padre y nos hace hermanos.
Los primeros días de vacaciones tras la Misión Rural en Siles, han sido días de dedicación a la familia y a la parroquia, donde destacaron las celebraciones en honor a la «Virgen Docente», Ntra. Sra. del Carmen y Ánimas. También unos días para poder descansar en el Señor y volver a los orígenes de mi vocación en la Casa de Espiritualidad «Villa San Pablo», en Carabanchel.
Tras esto, dándole el relevo a los compañeros que ya estaban en el Cottolengo del Padre Alegre en Barcelona, he tenido la experiencia más importante del verano, donde, como su fundador expresaría, he podido experimentar un «amor de obras y no de palabras». Y en especial hacia los más pobres, junto a las Hermanas Servidoras de Jesús del Cottolengo del Padre Alegre y la cantidad de voluntarios -coincidimos con otros seminaristas, sacerdotes, consagrados, otros laicos…- que tanto con mi compañero Faustino como conmigo, hemos pasado dos semanas cargadas de emociones fuertes que guardaré en mi corazón. Ha sido toda una experiencia de vida que, humana y espiritualmente te revuelve el corazón, estando siempre a caballo entre la oración y la acción, la entrega a Jesús y a los enfermos.
Tras esta intensa experiencia, la vuelta a casa…, reencuentro con familia y amigos, donde poder compartir la fiesta de la Asunción con compañeros, así como la de los Santos Bonoso y Maximiano, peregrinación juvenil a Chircales… Unos días en los que llenarse del amor del Señor, la familia y de los amigos, para empaparse sin prisas de la Mesa de la Palabra y del Altar, gozando día a día de la comunidad parroquial, y teniendo como culmen la festividad del titular de mi parroquia, San Bartolomé Apóstol.
A él encomiendo este nuevo curso, para que sepamos «dejarnos la piel» con un corazón alegre e ilusionado que quiera seguir las huellas del Maestro y compartirse con y para muchos. Pues siempre hay un más en los labios cuando hay amor.
Salvador Ruiz
Seminarista Diocesano





