El pasado domingo 19 de mayo, coincidiendo con la solemnidad de Pentecostés, tuvimos el 7º retiro del curso, esta vez en nuestra casa, el Seminario Diocesano de Jaén. De la mano de don D. Antonio José Campos Martínez, Director del Secretariado para la coordinación de movimientos y grupos de apostolado seglar de la Diócesis de Jaén, nos acercamos a “los perseguidos por causa de la justicia”, en la línea de los anteriores retiros dedicados a la serie de las Bienaventuranzas.

Las Bienaventuranzas son la concreción máxima de la moral cristiana, el programa de todo cristiano que aspira a una vida plena y verdadera. Algo apasionante, pero Jesucristo ya anunció que el discípulo no es más que el maestro, y que sus discípulos acabarían siendo perseguidos como Él. Cristianos de todos los tiempos sufrieron persecución por priorizar la dignidad de la persona y acercar a los hombres a Dios. Apostar por Jesucristo y practicar el Evangelio es sinónimo de vivir a contracorriente. Nada nuevo bajo el sol, pues sabemos que “los cristianos viven en el mundo, pero no son del mundo”, como dice la Carta a Diogneto (siglo II d.C.).

“Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos” (Mt 5, 10). Jesucristo fue perseguido y condenado a morir, instigado por los jefes religiosos judíos y la conveniencia política del Imperio Romano. Nosotros los seminaristas somos conscientes de que defender la verdad y la justicia en nuestra sociedad significa vivir a contracorriente. Jesucristo, que nunca buscó ser perseguido, nos enseña a vivir en la adversidad sin caer en sentimentalismos como la victimización o la heroicidad.

“Pero llevamos este tesoro en recipientes de barro
para que aparezca que una fuerza tan extraordinaria
es de Dios y no de nosotros” (2 Cor 4, 7).