El pasado fin de semana tuvimos el 6º retiro del curso, esta vez en nuestra casa, el Seminario Diocesano de Jaén. De la mano de don Fco. Javier Ávila, párroco de la parroquia de San Juan de Ávila de Linares, y antiguo vicerrector del Seminario, nos hemos acercado a “los mansos de corazón”, en la línea de los anteriores retiros dedicados a las Bienaventuranzas. Coincidiendo con el III Domingo de Pascua, don Fco. Javier nos recordó en la homilía que Jesucristo vino a reconciliar a Dios con la Humanidad y a traer la paz; y hoy nos sigue exhortando, como hizo con sus discípulos, a estar en paz con Dios para vivir tranquilos, y a confiar siempre en medio de las dificultades.

Los mandamientos de la ley de Dios, que alcanzan la plenitud en las Bienaventuranzas, no tienen más pretensión que sacarnos de la esclavitud para hacernos libres. Pero vivimos en una sociedad donde el individualismo, el consumismo y la arrogancia se interponen a diario en nuestro camino por ser buenos cristianos. Los medios de comunicación nos recuerdan a diario que la guerra, el terrorismo, la injusticia y la agresividad se han normalizado en nuestro mundo, y lo que es peor, nos hemos acostumbrado a la violencia.

“Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra” (Mt 5,4). La Biblia nos enseña muchos ejemplos de mansedumbre (José, David, Jeremías, Amós, Ester, Susana, Zacarías, Isaías, la madre de los siete jóvenes hermanos macabeos, etc.), y por encima de todos, Jesucristo. Para nosotros los seminaristas, practicar la mansedumbre forma parte de nuestra formación humana, y es indispensable en nuestro camino de configuración con Jesucristo. Porque nuestra sociedad demanda pastores sensibles ante los problemas de los demás; pastores humildes, mansos y disponibles; pastores portadores de perdón, amor y misericordia; pastores testimonios de justicia, de paz y de esperanza.

«Señor, haz de mí un instrumento de tu paz:
donde haya odio, ponga yo amor,
donde haya ofensa, ponga yo perdón,
donde haya discordia, ponga yo unión,
donde haya error, ponga yo verdad,
donde haya duda, ponga yo la fe,
donde haya desesperación, ponga yo esperanza,
donde haya tinieblas, ponga yo tu luz,
donde haya tristeza, ponga yo alegría.”

Oración de San Francisco de Asís.