Este último fin de semana de enero, justo después de volver de Murcia, hemos tenido el cuarto retiro del año en la Casa de Espiritualidad “San Juan Juan de Ávila” en La Yedra, en esta ocasión dedicado a “los limpios de Corazón” (Mt 5,8).

El retiro, contextualizado en este período de tiempo ordinario que antecede a la cuaresma, continúa con la serie de retiros que este año estamos dedicando a las bienaventuranzas. Esta vez, la encargada de dirigir el retiro ha sido la hermana Blanca, de las Esclavas Carmelitas de la Sagrada Familia de Andújar. Su carisma de consagrada de vida activa, nació de un ardiente deseo por evangelizar, y en su quehacer cotidiano trabaja por fomentar en las parroquias el estilo orante del Carmelo, especialmente en enseñar a rezar a los niños, hacer de la liturgia dominical un verdadero encuentro con el Misterio y la Belleza de Dios, propiciar momentos de oración en los jóvenes y acompañar siempre en el crecimiento espiritual de personas de todas las edades.

“Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”, nos dice Jesucristo por medio de la Sagrada Escritura (Mt 5,8). ¿Pero qué significa tener un corazón puro? El mundo de hoy nos presenta una cadena de retos en nuestra vida cotidiana difíciles de esquivar: las alabanzas humanas, la sensualidad, el poder, seguridades materiales, frustraciones, temores, y tantas otras actitudes que nos hacen caer en un cúmulo de dependencias afectivas y apegos desordenados.

La curación y purificación del corazón pasa necesariamente por un proceso de conversión profunda fundamentado en una vida de intimidad con Dios. Aceptar con sencillez nuestras limitaciones y entender que nuestros dones son para compartirlos con los demás abren el camino hacia la felicidad segura de quien vive cumpliendo la Voluntad de Dios.

Para nosotros los seminaristas, inmersos en este proceso de purificación del corazón, tenemos nuestra mirada fija en ese otro corazón ardiente de Cristo. Nuestra formación humana y pastoral son el ámbito donde aprendemos a poner en práctica cada día nuestros anhelos de purificar nuestro corazón y de ser dóciles al Espíritu Santo, en la medida en que nos vamos configurando con el Buen Pastor.

Dame un corazón puro para que te vea, un espíritu humilde para que te escuche, el espíritu de amor para que te sirva,
el espíritu de fe para que permanezca en Ti.
Del Nobel de la paz Dag Hammarskjold