El pasado fin de semana, coincidiendo con el Domingo I de Cuaresma, tuvimos el 5º retiro del curso en la Casa de Espiritualidad “San Juan Juan de Ávila” de La Yedra. Esta vez, de la mano de nuestro Director Espiritual, don Raúl Contreras Moreno, y con el objetivo de preparar mejor este tiempo litúrgico, nos hemos acercado a “los misericordiosos”, en la línea de los anteriores retiros dedicados a las Bienaventuranzas.

En una sociedad donde el individualismo y la imagen son valores en alza, corremos el peligro de caer en la tentación de la dureza de corazón. Por eso, en este tiempo el Papa Francisco nos anima a “(…) actuar, y en Cuaresma actuar es también detenerse”. Detenernos en oración es acoger la Palabra de Dios, que nos enseña a ser como Él, misericordiosos. Es misericordioso quien se compadece de los sufrimientos y miserias ajenas, por eso la Iglesia nos enseña que existen 14 obras de misericordia para vivir estos 40 días como una oportunidad para crecer en santidad.

“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt 5,7). Para nosotros los seminaristas, practicar la misericordia es indispensable en nuestra formación humana y en nuestro camino de configuración con Jesucristo. Dios no se escandaliza de nuestras faltas y se muestra inmensamente misericordioso con nosotros, para que nosotros nos parezcamos a Él con el prójimo. Y es que, como decía San Juan de la Cruz, “al atardecer de la vida seremos examinados en el amor”.

«Oh Señor, deseo transformarme toda en Tu misericordia y ser un vivo reflejo de Ti. Que este supremo atributo de Dios, es decir su insondable misericordia, pase a través de mi corazón al prójimo.
Ayúdame, oh Señor, a que mis ojos sean misericordiosos para que yo jamás recele o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarla.”

Santa María Faustina Kowalska, apóstol de la Divina Misericordia.