Con la llegada del verano acaba el curso académico, y como cada año, comienza una nueva aventura para los seminaristas con el objetivo de conocer mejor y servir en las necesidades de nuestra Iglesia Diocesana de Jaén. En mi caso, la pastoral se ha centrado en servir en las celebraciones litúrgicas y las necesidades de las parroquias de los pueblos asignados al presbítero don Luis Cordón Cortes, que son Santo Tomé, El Molar y Veracruz, tres localidades vecinas a orillas del Guadalquivir y a los pies de la Sierra de Cazorla. Como cada año, es digna de destacar la procesión del día de la Virgen del Carmen en Veracruz y la procesión del día de la Asunción en el Molar, donde la gran afluencia de fieles manifiesta la arraigada devoción popular con que veneramos a la Madre de Dios.
Me esperaba el plato fuerte del verano junto a mi compañero seminarista Vicente, que entre el 2 y el 13 de agosto nos unimos al campamento juvenil de la Parroquia de la Inmaculada Concepción de Mengíbar, que lleva visitando por estas fechas la aldea onubense de El Rocío desde el año 2008. Allí hemos podido vivir junto a más 150 jóvenes, entre alumnado, equipo de monitores, personal de apoyo, enfermería, voluntarios, y, cómo no, su párroco don Miguel Ángel Solas León, una experiencia intensa de fe y de divertida convivencia. Un campamento preparado con mucho cariño que exigía mucha coordinación y colaboración para el despliegue de tantas actividades programadas: actividades lúdicas variadas en la naturaleza, juegos de agua, catequesis, asambleas, interpretaciones teatrales para la evangelización, baño en la playa de Mazagón… Como campamento católico, las celebraciones litúrgicas han vertebrado el desarrollo de estos días de campamento: sacramento de la Reconciliación y misa de envío (pañoletas); oraciones de la mañana y de la noche, acompañadas del magnífico coro parroquial; Eucaristía diaria en la Ermita del Rocío a los pies de la “Blanca Paloma”; y de vuelta en Mengíbar, misa de acción de gracias y ágape final con las familias de los jóvenes.
El verano es siempre un tiempo propicio para visitar santuarios y conocer un poco mejor nuestra diócesis. Por eso no he querido perder la ocasión para volver a peregrinar a los santuarios de Fátima y Tíscar. También he aprovechado para visitar los municipios de Siles y Villarrodrigo, en el extremo nororiental de la diócesis, en plena Sierra de las Villas, con motivo de las fiestas patronales de San Roque y de San Bartolomé, para participar en la misa y las procesiones junto a su párroco, don Cándido García Valdivia, y a sus hermanos sacerdotes en el ministerio.
Nos acercamos al final del verano con la satisfacción de haber aprovechado este tiempo para descansar, visitar a la familia y a los amigos, conocer mejor nuestra diócesis y servir en sus necesidades. Y el crecimiento en la fe, que es alimentado por la fidelidad en la oración y la constancia en el estudio.
Víctor Manuel Vitutía Jerez
Seminarista





