Mi pastoral de verano se ha desarrollado en el contacto con los pobres y enfermos, donde es Cristo mismo quien pasa.
Junto con mi compañero Daniel, cruzamos de sur a norte toda la Península para llegar hasta la ciudad condal, más concretamente al Cottolengo del Padre Alegre, donde fuimos recibidos por las religiosas que se encargan de tan hermosa misión.
Durante quince días he podido vivir de primera mano la cercanía con los pobres y enfermos y ver en ellos el rostro de Cristo. Vivir junto con las religiosas, compartir momentos de oración, departir con los enfermos, ver la felicidad en sus rostros… Ayudarles en sus necesidades y compartir esta experiencia con las decenas de voluntarios ha sido un gran enriquecimiento en mi camino de fe y vocacional.
El testimonio de las religiosas y de los enfermos es un ejemplo a seguir en todo aquel que quiere seguir a Jesús.
El resto de verano lo he vivido en mi Parroquia de Arjonilla, colaborando en las actividades y en las Fiestas Patronales que se han desarrollado durante el mes de Agosto.
“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme.”
Fernando Ruano Segado
Seminarista.





