Este domingo día 2, fiesta de la Presentación del Señor, se celebraba la Jornada de la Vida Consagrada, el día idóneo para que los religiosos y religiosas de la Diócesis se lucraran de las gracias del Jubileo.
A pesar de la fría tarde, fueron muchas, tanto contemplativas como de vida activa, las religiosas que se dieron cita en el Camarín de Jesús, templo jubilar de acogida. También estaba presente el seminario, junto a diversos sacerdotes y el Señor Obispo. Después de un breve encuentro con la bendición de las candelas, todos partieron en procesión hasta la Catedral. Las velas se fueron encendiendo para, a modo de testimonio de vida y entrega a Dios y a la Iglesia, lucir por las calles de Jaén. El canto de las letanías y la preciosa procesión de las religiosas fue un momento elevado de comunión y de manifestación pública de la fe.
Al llegar al primer Templo de la Diócesis, el volteo de las campanas le dieron la bienvenida. La celebración estuvo acompañada por el coro del Colegio de los Maristas de Jaén. Dentro del rito jubilar está la aspersión del agua bendita en recuerdo del bautismo y que se hizo al comienzo de la celebración.
En su homilía, Don Sebastián animó a los consagrados y consagradas a seguir creciendo en fe, y en presencia en medio del mundo. A renovar nuestra esperanza en este Año Jubilar y a vivir con alegría la vocación, para ser, al igual que Simeón y Ana que reconocieron a Jesús en el templo, portadores de la luz de Cristo en un mundo que tanto la necesita. “Que el Espíritu Santo nos fortalezca en esta misión, para que, como consagrados, podamos ser fieles testigos del Reino de Dios y multiplicadores de su amor”.
Tras la profesión de fe con el Credo niceno constantinopolitano y la oración de los fieles, los consagrados renovaron sus votos de obediencia, pobreza y castidad, entregándolos a los pies del altar, como oblación ante el Señor y su Iglesia.
Para concluir el jubileo y, lucrar así las indulgencias que con él se alcanzan, se rezó un Ave María por las intenciones del Santo Padre y con el Santo Rostro, el Obispo impartió la solemne bendición.
Así concluimos la jornada dándole gracias al Señor por esta realidad de nuestra diócesis, religiosos y religiosas que se han dejado seducir por Cristo y que con su vida hacen presente el amor misericordioso de Dios en las distintas obras redentoras. Además, seguimos pidiendo para que aumente el número de vocaciones.
Así respondió la Santísima Virgen al anuncio del ángel: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38).




