Los últimos días han sido señalados por las celebraciones navideñas en nuestro seminario.

Todos unidos, presbíteros, formadores del Seminario, seminaristas, religiosas, representantes de diferentes delegaciones, empleados administrativos y personal de servicios, nos unimos al obispo en la celebración de la misa vespertina del pasado jueves, en la cena de Navidad y en la tradicional felicitación en la Capilla Mayor del Seminario.

En la homilía de la misa del pasado jueves, el obispo animó a toda la comunidad de nuestra Casa a recorrer el camino como una verdadera familia unida en la fe. Nos recordó que la Navidad es la gran fiesta de la Humanidad, pues celebramos la apertura del Cielo a la salvación del mundo. Por eso hemos de orar especialmente por todas aquellas personas que aún hoy no conocen, no reciben o reniegan del Niño encarnado que vino en la sencillez de un portal a disipar las tinieblas y los temores de este mundo. Llamados a una vida santa, D. Sebastián nos invitó a vivir estos días nuestra vocación con alegría, gratitud y fidelidad, siempre pregoneros de la gran noticia en medio, muchas veces, de la indiferencia.

A la mañana siguiente, tras la tradicional visita a algunos conventos y bendición del belén del obispado, celebramos en la Capilla Mayor la tradicional felicitación navideña del Obispo. Este año fueron los sacerdotes mayores de la Casa, representados por D. Melitón Bruque y D. Enrique Cabezudo, los designados para felicitar la Navidad a don Sebastián. En la homilía, el obispo se dirigió especialmente a los sacerdotes mayores de la Casa Sacerdotal para reflexionar con ellos sobre la hermosura de vivir con serenidad, paciencia y agradecimiento esta etapa de preparación para el “gran encuentro”. Y a todos nosotros, nos alentó a ser personas de esperanza, a vivir la paz que sólo Dios puede dar al corazón, y a transmitirla al mundo entero.

¡Que el Niño Dios colme cada uno de nuestros corazones con su Gracia y su Luz!

¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!