Como cada 28 de febrero, en el Seminario Diocesano de Jaén hemos celebrado nuestro tradicional día de las familias en medio de un ambiente festivo. Con más seminaristas y familiares que en años anteriores, y acompañados de nuestros párrocos, nos fuimos congregando a media mañana en la plaza de la Catedral para dar inicio a la jornada de convivencia.

Comenzamos con una visita guiada por los diferentes espacios interiores de nuestra Santa Iglesia Catedral. Un momento especial fue la veneración de la reliquia del Santo Rostro, ante la cual oramos todos juntos y recibimos la bendición de manos de nuestro rector, actual canónigo de la Catedral.

Pasado el mediodía, nuestro obispo se nos unió para presidir la Misa en la Capilla Mayor de nuestro Seminario Diocesano. Ya en la homilía, en referencia al evangelio del miércoles de la II semana de Cuaresma, don Sebastián quiso centrarse en la pregunta que Jesús lanza a sus discípulos: “¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?” (Mt 20,22). Don Sebastián nos recordó que beber el cáliz de Jesús es el mejor puesto al que aspiramos los seminaristas; que no hay mayor ambición que la felicidad de cumplir la voluntad de Dios abrazando la cruz de Cristo; que la pretensión del digno discípulo es la de servir para crecer y hacer que otros crezcan en santidad; y que dar la vida en obediencia y fidelidad a Dios es vivir para anunciar el Evangelio y denunciar todo aquello que oprime al hombre en una sociedad cuyo reino y gloria prescinde de Cristo.

Después de la Misa hubo un breve y emotivo acto preparado por nuestros formadores, en el cual los nuevos seminaristas tuvieron ocasión de presentarnos a sus familias. Somos conscientes de que el ámbito familiar es fundamental para nuestro crecimiento durante todo el proceso vocacional. La convivencia acabó con una comida, tras la cual cada seminarista acabó de pasar el día con sus respectivas familias.